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El encubrimiento del crimen
Domingo 12 de
octubre
El grupo de vecinos de Moreno llegó al Nihuil por la mañana. Los custodió siempre
la policía desde su entrada a Mendoza. Fueron casa por casa y la gente del pueblo
les dijo que no lo habían visto, pero muchos dijeron que lo buscaran en unas cuevas
ubicadas en la pared del cañón. Como no conocían la zona, el grupo contrató a
un baqueano. A poco de andar, dos de ellos, Gerardo Merlo y Carlos Toro junto
al baqueano Juan Poblete se pararon en la cima del risco. Al mirar hacia
abajo, uno de ellos - el de peor vista - vio un bulto negro y lo señaló. Poblete
bajó y se acercó a mirar mientras desde arriba, con señas le indicaban el lugar.
Poblete había visto a Sebastián Bordón jugando al fútbol durante los días
que estuvo el contingente en el albergue, por eso cuando se acercó lo reconoció.
El cuerpo de Sebastián estaba tendido entre las piedras, a no más de 2 kilómetros
del Destacamento. Quienes lo dejaron allí, sabían que la última vez que lo vieron
con vida fue en la entrada de ese camino. Luis Bordón lo buscó varias veces en
ese barranco junto con la policía y adentro de las cuevas. El viernes y el sábado
por orden del Subjefe Medina
doscientos cadetes de la policía rastrillaron minuciosamente toda esa zona y no
encontraron nada.
- "Yo pasé por ese lugar ayer y no vi nada" dijo Gladis Saravia, una vecina
que habitualmente recorre ese sendero buscando "madre del agua". Cualquier puestero
sabe que cuando se muere algún animal lo encuentran enseguida por los depredadores
que vuelan en derredor del cadáver. Un viejo puestero que vive enfrente del lugar,
Francisco Reyes, declaró que había pasado por ahí el jueves y el viernes y "no
había visto volar ni una mosca".
Luis Bordón estaba en un camping del Nihuil cuando supo por Poblete, Toro
y Merlo del hallazgo de su hijo. Fue para allá en un auto y detrás de él partió
el colectivo de Moreno, pasaron frente al Destacamento pero la policía no sabía
aún que el cuerpo de Sebastián había aparecido. Para Luis la responsabilidad de
la policía era evidente. Volvió al pueblo a buscar un teléfono para avisar a un
Juez y se encontró con que el cabo Ramón Vedia había cortado el camino.
Vedia venía en una camioneta "Cherokee" siguiendo desde atrás todos los movimientos
del colectivo de Moreno, pero cuando vio que el contingente se dirigía hacia el
barranco se adelantó a cortar el camino para no dejar pasar a nadie. Cuando Vedia
se dio cuenta que la gente de Moreno había encontrado el cuerpo de Sebastián,
tomó la radio del móvil para avisar a la policía, pero Luis lo increpó duramente
para que no lo hiciera y entre todos los ocupantes del colectivo hicieron un cordón
para evitar que la policía bajara antes que un juez. Sorpresivamente, de lugares
opuestos, se acercaron a Vedia dos policías de civil con la clara actitud
de vigilar o custodiar el lugar. Dijeron sólo que estaban ahí (no había ningún
otro vehículo) y que se acercaron a ver qué pasaba.
El Juez de San Rafael Aroldo Gorri, Juez subrogante de Yacante -
quien se encontraba en Buenos Aires siguiendo pistas falsas - llegó hasta al lugar
y ordenó a Hugo Del Pozzi hacer el rescate del cuerpo. Hacía frío en el
Nihuil y como había empezado a lloviznar decidieron rescatar el cuerpo esa misma
noche.
Después del hallazgo Juan Poblete volvió a su casa, unas horas más tarde
lo fueron a buscar los policías para llevarlo al Destacamento a hablar con el
Comisario Trentini.
Trentini
estaba furioso:
- "Qué mierda tenés que estar haciendo ahí, qué carajo tenés que estar haciendo
ahí", le dijo a Poblete golpeando la mesa con el puño.
En ese momento otro oficial entró para avisar que el Juez Gorri quería
hablar con Poblete. En el camino, Vedia lo amenazó:
- "Ojo con lo que hablás con los periodistas" le dijo a Poblete.
Durante el rescate Hugo Del Pozzi quiso convencer a Luis Bordón de que
era imposible bajar caminando hasta donde estaba el cuerpo y lo hizo tomar un
camino de difícil acceso. Cuando llegaron Luis se dio cuenta de que otros siguieron
la huella y llegaron casi simultáneamente y con menos esfuerzo que ellos. Por
esa huella habían rastros de vehículo y calzado, Luis Bordón le pidió al camarógrafo
que filmaba la pericia que las registrara porque Del Pozzi no se detenía
ni a mirarlas.
El lugar estaba muy oscuro cuando llegó el Subjefe de la Policía, Ignacio
Medina. Sin haber visto el cuerpo y notablemente nervioso afirmó a los periodistas
que "por su experiencia de andinista el chico se había caído de una altura de
80 metros, es decir, desde la cima del risco". Medina
informó que "el cuerpo presentaba un estado avanzado de putrefacción y la erosión
producida por algún animal". También aseguró que "no se lo había podido encontrar
antes porque estaba oculto".
Medina
estuvo conversando esta "hipótesis" con Del Pozzi, con él había acordado
dejarlo bajo custodia y seguir la pericia al día siguiente con la luz del día.
Pero por la sospecha de que la misma policía implicada hiciera la pericia, a las
2 de la mañana, el juez Gorri dispuso el traslado al Cuerpo Médico Forense de
Mendoza donde se realizó la necropsia.
El abogado Alfredo Guevara informó a los medios periodísticos de todo el país
que los indicios permitían asegurar que el cuerpo de Sebastián Bordón había sido
colocado en el lugar, que le habían robado su dinero y sus documentos. La necropsia
determinó luego que el cuerpo de Sebastián Bordón habría sido "colocado" en ese
lugar unas 24 horas o 48hs. antes de que fuera encontrado. Las pericias realizadas
posteriormente por Gendarmería Nacional determinaron que era imposible que un
cuerpo del peso y tamaño del de Sebastián hubiese caído desde la altura del risco:
la única explicación posible a la posición en la que se halló el cadáver es que
alguien lo haya colocado desde abajo.
El cuerpo presentaba las lesiones típicas de una feroz golpiza: una clavícula
fisurada, hematomas en las piernas, golpes en los riñones y una lesión en la cara
con deslizamiento del cuero cabelludo que le causó una hemorragia interna y un
estado de coma de grado 1 o 2 con inconsciencia. En cambio, no presentaba ninguna
de las heridas esperables en alguien que hubiese sufrido una caída. La causa de
la muerte fue la deshidratación y falta de atención médica. No había ningún rastro
de la caída, la ropa estaba intacta y tenía marcas longitudinales bajo los brazos
y dándole vueltas en la zona inguinal que indicarían que el joven fue llevado
atado, con o sin vida, hasta el lugar en el que lo encontraron. Ni siquiera la
tierra de su zapatilla coincide con la del lugar.
Ese día Sebastián Bordón iba a cumplir 19 años. Quienes lo golpearon tuvieron
el aval de sus jefes para ocultar el delito de lesiones graves con una desaparición
seguida de homicidio. Se sintieron impunes para hacerlo y contaron con el encubrimiento
de la plana mayor de la policía.
El juicio oral deberá determinar las responsabilidades encuadrándolas en la
cadena de mando de la institución. Todos aquellos que dieron las órdenes que contribuyeron
a la muerte de Sebastián Bordón u omitieron denunciar lo que pasaba por una actitud
corporativa, deberán ser condenados por los delitos de homicidio o encubrimiento.

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