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LOS PERITOS
DE GENDARMERÍA CONFIRMARON EL HOMICIDIO DE SEBASTIÁN BORDÓN
No fue un accidente
El juicio por el
crimen de Sebastián Bordón entró en una jornada decisiva y concluyente respecto
de las causas que ocasionaron su muerte. El perito de Gendarmería Miguel Angel
Sánchez descartó la hipótesis del accidente y advirtió las omisiones del perito
criminalístico Hugo Del Pozzi. Otro perito de Gendarmería, Hugo Balada, llegó
especialmente de China para ratificar su informe sobre que la escena del crimen
había sido previamente elaborada.
De la ciencia a la imaginación
El primer perito en declarar ante la justicia fue Miguel Ángel Sánchez, comandante
de Gendarmería, perito y jefe de la División Huellas y Rastros; su currículum
en materia de investigaciones criminales es de primer nivel. Su equipo es multidisciplinario
ya que está compuesto por montañistas, expertos en rastros y un médico legista.
Descartó tanto la hipótesis del perito de Criminalística de la Policía de Mendoza,
Hugo Del Pozzi, como la del guía de turistas de montaña Alejandro Randys. Ambos,
aunque desde distintos puntos de vista, tienen en común la poca calidad científica
con la que intentaron abonar la idea del accidente. "Me permito -dijo Sánchez
al Tribunal-, sin desmerecer la capacidad técnica del Sr. Del Pozzi , que nos
pareció que narraba el accidente como si lo viera, pero hay que probarlo con las
pericias y luego en base a eso armar un informe".
A pesar de todas las pruebas y pericias que realizó la Gendarmería, el accidente
fue descartado con solidez científica. Se analizaron videos, fotos de la autopsia,
entrevistas a los puesteros, ocho ascensos y descensos por el cañón del Atuel,
recorrieron el lecho del río, experimentaron con muñecos para reconstruir las
hipótesis en discusión... y todo llevó a la misma conclusión. No fue un accidente.
También mencionó que el lugar del hecho no había sido preservado adecuadamente.
Contradiciendo los principios elementales de la criminalística, el lugar no estaba
vallado para evitar que se quitaran o agregasen elementos probatorios.
Las pruebas periciales que realizó la Gendarmería se focalizaron en la supuesta
caída de Sebastián. Usaron muñecos de prueba, con un peso similar y la vestimenta
del joven Bordón (jean, campera, zapatillas y camisas). Al ser arrojado al vacío
el muñeco se partió en varios pedazos, "lo que en un cuerpo viviente esto produce
como mínimo el estallido de caderas", según declaró. En cuanto a la ropa del muñeco,
reventaron las costuras, una de las mangas de la campera se desgarró, y quedaron
marcas de rozamiento, restos vegetales y minerales. La ropa con la que fue encontrado
el cuerpo no presentaban ninguna de estas características. Esto produjo sorpresa
entre los peritos y por ello la ropa del joven fue sometida a estudios con aparatos
de alta precisión. Encontraron hormonas masculinas (propias del mismo cuerpo),
hidrocarburos tipo gasoil, pero ningún rastro de clorofila o polvo, que es lo
lógico encontrar en este tipo de "accidentes".
Además, Sánchez recalcó que le llamó la atención que en el cuerpo de Sebastián
la lesión en el omóplato izquierdo no presentaba sangrado, lo que permitiría suponer
el hecho de una herida de arrastre post mortem. Su conclusión fue que las lesiones
que presentaba el cuerpo fueron producidas por terceras personas y por objetos
romos -entre los que no descartó borceguíes, zapatos o bastones policiales- y
no por el terreno del lugar.
Otro dato importante fue el hecho de que en una casa encontraron huellas de un
vehículo similar a un Renault 12 rojo que poseía la Comisaría 38. Cuando pidieron
periciar el automóvil se dieron cuenta que "lo estaban limpiando". Según dijo
Sánchez, el auto estaba "como para pasear a la novia". Ese vehículo fue el que
el Cabo Ramón Vedia tuvo a su cuidado la noche del 9 de octubre, cuando aparecieron
las misteriosas Cherokees de la Comisaría de Malargüe, enviadas por el entonces
subjefe de la Policía de Mendoza, Ignacio Medina.
De China a San Rafael
Hugo Balada es perito y experto en montañismo. Debió viajar de urgencia de China,
donde cumplía funciones en la Embajada Argentina, para declarar en este juicio.
Balada deleitó al tribunal con su experiencia y formación profesional, dado que
ha intervenido en la mayoría de los accidentes de montaña sucedidos en el país
y en salvatajes en España, Chile, Suiza, y otros países.
El también tiene la certeza de que no se trató de un accidente en cualquiera de
las variantes y que era perfectamente posible colocar el cuerpo de Sebastián con
la idoneidad de un hombre conocedor del lugar o con la concurrencia de dos o más
personas.
A Balada, quien encontró el botón de la camisa de Sebastián en el escarpado terreno
del cañón del Atuel, le parece ilógica la hipótesis del perito policial Del Pozzi.
No encontró ningún rastro que demostrara caída y además estableció que por los
"anclajes naturales del terreno" era imposible establecer el rodamiento, amén
de que faltaban signos de rotura en la ropa de Sebastián.
Otro aspecto que resaltó fue el hecho que una búsqueda empieza siempre por el
último lugar donde se ha visto a la persona y que las aves necrófagas (carroñeras)
son un enorme indicio para establecer la presencia de un cuerpo. Al respecto Sánchez
también había dicho que cuando comenzaron las experiencias en el cañón del Atuel
esas aves se hicieron presentes por el lugar donde se había colocado el muñeco.
Balada denostó duramente la hipótesis policial del accidente cuando, por ejemplo,
arguyó lo difícil que resultaba la pérdida del famoso botón de la camisa de Sebastián,
ya que éste llevaba encima una campera con puño elastizado.
Fue categórico cuando se lo interrogó sobre cómo era posible establecer la colocación
del cuerpo de Sebastián con el hallazgo del botón y de la riñonera cerca del risco.
Para él era perfectamente posible si fueron terceras personas las que "armaron"
la escena del lugar.
El misterio de la riñonera
La jornada concluyó con la declaración del segundo comandante Eduardo Saturnino
Nievas, quien perició la riñonera de Sebastián y concluyó que la misma no tenía
rastros de golpes por caída, huellas de arrastre o abrasiones. Adujo que las roturas
circulares que tenía la riñonera eran anteriores a la pericia y que las mismas
se debían a su uso normal.
Como último punto refirió que la rotura de la uña de la riñonera, que fue encontrada
cerca del risco, no podría haberse producido por la caída de la misma, ni siquiera
golpeándola con una fuerza extra contra alguna roca para provocar su desprendimiento.
Hoy los abogados defensores se fueron en silencio y sin hacer declaraciones. Hace
una semana que las pericias científicas vienen confirmando el homicidio de Sebastián
y las risas de los acusados se transforman cada vez más en caras serias que miran
impávidas el suelo del tribunal.

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