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SEIS TESTIGOS
CONTARON CÓMO COMENZÓ LA TRAGEDIA
El día que Sebastián
pidió ayuda a la policía
"Los destacamentos
son terroríficos" , dijo el jueves uno de los Camaristas durante la declaración
de dos oficiales de Malargüe que estuvieron con Sebastián Bordón cuando éste recurrió
a la policía pidiendo ayuda. Además, brindaron su testimonio el médico y la enfermera
que lo revisaron. El procedimiento está plagado de irregularidades: no se dio
intervención a un Juez de Menores y se le ocultó al Fiscal lo ocurrido. El 1 de
octubre Sebastián Bordón pidió ayuda a varias personas, su salud era delicada
y estaba desesperado por volverse a Buenos Aires.
Ayúdenme, por favor
Los seis testigos que declararon en la Tercera Cámara del Crimen conocieron a
Sebastián Bordón antes de su desaparición. El les pidió ayuda, pero por distintas
razones, todos actuaron con total negligencia. El Doctor Eugenio Gutiérrez, médico
del centro de salud del Nihuil, atendió a Sebastián el 30 de septiembre, advirtió
un cuadro depresivo y le recomendó volverse de inmediato a su casa para someterse
a un tratamiento. Durante su testimonio reconoció que le llamó la atención que
no se acercaran las profesoras a su consultorio y se arrepiente de no haber hablado
personalmente con las personas que estaban a cargo del contingente.
Los síntomas que advirtió el Dr. Eugenio Gutiérrez cuando revisó a Sebastián fueron:
insomnio, inapetencia, decaimiento y tristeza. Habló con él y creyó que se trataba
de un cuadro depresivo, por esa razón le recetó 10 miligramos valium (comprimidos)
que las profesoras nunca llegaron a comprarle porque lo consideraron un medicamento
demasiado fuerte.
"Nunca ví una persona tan desesperada" contó Edgardo Núñez, un testigo
eventual del incidente entre Sebastián con una de las profesoras en una estación
de servicio de Malargüe. Edgardo y Graciela Núñez contaron que estaban parados
cerca de un colectivo de turismo cuando un chico se avalanzó sobre la puerta pidiendo
que por favor lo llevaran porque lo querían matar. Detrás de él vino una profesora
que nos dijo "no, no le hagan caso" , pero Sebastián insistió "sí señor, ella
tiene una jeringa y me quiere inyectar". Ante la situación, Núñez se hizo pasar
por policía federal y pidió explicaciones a la profesora. Según estos dos testigos
la docente reconoció que tenía una jeringa y un amoxidal pero que era para otra
cosa e insistió en que el chico estaba mal y no sabían porqué se comportaba de
esa manera. Después de esto un grupo de chicos lo abrazó y se lo llevaron de vuelta
al colectivo.
El 1 de octubre, cuando Sebastián pidió ayuda en el destacamento de El Sosneado
habló con el Comisario Carlos Escobar que pidió llamar a la enfermera de la sala
de primeros auxilios para que le tomara la presión. María Cristina Rojas de Araya,
la enfermera, contó al Tribunal que cuando entró vio a Sebastián tranquilo tomando
mate con el comisario, que tenía la presión normal y el pulso un poco acelerado
(leve taquicardia). Por eso cuando le mostraron la receta del valium su primera
impresión fue que no era conveniente. De todas maneras le suministró ese medicamento
aunque rebajado, sólo 0,4 miligramos en una inyección que Sebastián se dejó poner
serenamente.
Destacamentos terroríficos
Durante el juicio se trató de aclarar porqué Sebastián quedó en esas condiciones
a cargo de la policía. El miércoles, las profesoras dieron su versión. Y el jueves
lo hicieron los policías que intervinieron cuando el contingente de Moreno pasó
frente a la barrera fitosanitaria en El Sosneado y Sebastián sacó medio cuerpo
fuera de la ventanilla gritando por ayuda. El oficial de servicio en el destacamento
del Sosneado era el oficial Juan Carlos González. El le preguntó a Sebastián qué
pasaba. "Trate de recordar textualmente sus palabras", pidió el Tribunal, tratando
de desentrañar cómo la cadena de malentendidos y negligencias entre los oficiales
derivó en un hecho que pudo haberse evitado si le hubiera dado intervención a
un Juez de Menores y/o llevado a Sebastián a un centro asistencial.
González contó que Sebastián, llorando, le dijo: "Me quieren inyectar, me quieren
matar". "Yo le pregunté quiénes y él contestó que en el colectivo había droga
y un revolver. Dijo que lo querían matar e inyectar droga".
"¿Porqué no lo dijo antes?, preguntó el Tribunal al recordarle que en una declaración
ante el Juez de Instrucción dijo otra cosa. Antes había declarado que "el
joven decía que los compañeros querían pegarle y las profesoras no lo defendían".
González tomó la radio y comunicó la novedad a la Comisaría 24 de Malargüe y solicitó
autorización para trasladar al colectivo y sus ocupantes al destacamento. Al cabo
de un rato los superiores le dijeron que un móvil había partido hacia el lugar.
La novedad la recibió el oficial Elio Ariel Zelada y se la transmitió directamente
al Comisario Carlos Plácido Escobar, quien pidió que se hiciera cargo el oficial
Oscar Mendoza, experto en estupefacientes. Los dos funcionarios se hicieron cargo
de la situación: Escobar habló con Sebastián y con sus padres, y Oscar Mendoza
le tomó declaración a las profesoras y a Sebastián. Las actuaciones las escribió
Zelada por duplicado.
Juan Carlos González contó algo que no había querido decir en sus anteriores declaraciones:
para él, el procedimiento adecuado era tomar la denuncia de Sebastián y revisar
el colectivo, pero no se hizo ya que el Comisario Escobar pensó que "era una
pena hacerlo por lo que podían decir periodistas y políticos".
"Sebastián me dijo que se quería quedar conmigo", contó González y agregó que
los chicos se habían bajado del colectivo, algunos se mostraban cansados y otros
se reían. Yo sólo le tomé los datos personales, Escobar y Mendoza se hicieron
cargo de todo.
Problemas en la cadena de mando
El 11 de octubre, cuando Sebastián llevaba varios días desaparecido, según Juan
Carlos González, Oscar Mendoza lo citó a él y a su compañero Fernández para decirles
que "si los llamaban a declarar no dijeran nada de armas y drogas".
No fue la única irregularidad de los policías mientras Sebastián no aparecía.
Elio Ariel Zelada se comunicó la noche del 1 de octubre con el Fiscal de turno
quien le ordenó que le remitieran las actuaciones. Sin embargo, éstas nunca llegaron
al Fiscal porque fueron a parar a la Comisaría 38, por pedido de Hugo Trentini,
después de que Sebastián desapareciera del destacamento del Nihuil.
Durante un lapsus en que no recordaba nada, Zelada dijo frente al Tribunal que
no lo sabía. Sólo podía dar cuenta lo de Sebastián por lo que decía la televisión,
aunque ante una pregunta declaró no haberse enterado que el 9 de octubre, en un
programa de televisión de América TV, alguien denunció que a Sebastián lo tenían
en la Comisaría de Malargüe. La denuncia derivó en un allanamiento que hizo el
Juez Waldo Yacante pasadas la medianoche (el programa terminó a las 19hs). Curiosamente,
una hora antes del allanamiento, el Comisario Escobar, Oscar Mendoza y Arias fueron
a la casa de Zelada a pedirle el duplicado del acta que guardaba bajo llave en
un cofre.
Zelada contó que no sabía para qué la querían, pero el Tribunal le recordó su
declaración anterior donde aseguró que le llamó la atención que el Comisario fuera
a su casa. "¿Para qué la querían?", le había preguntado el Juez Yacante. "Me dijeron
que dentro de una hora iba a venir Usted a hacer un allanamiento".
Perdiendo su día de franco -y de civil- Zelada estuvo durante el allanamiento
escribiendo las actas. No sabía que un rato antes había estado el que era el Subjefe
de la Policía Ignacio Medina y desconocía que cerca de las dos de la mañana se
produjo un llamado de Amanda Ledesma, la "parapsicóloga" que usaron para desviar
la investigación del paradero de Sebastián Bordón. Hoy, Medina, está procesado
por participación secundaria en su homicidio. Tampoco Zelada sabía que a raíz
de la denuncia salieron dos móviles tipo cherokee de la comisaría hacia el Nihuil,
aunque esto -supuestamente- fue ordenado por el Subcomisario Oscar Alfredo Rivas
a espaldas del Comisario Escobar, también procesado por complicidad.
Zelada contó que cuando Rivas estaba en la Comisaría empezó su calvario. Desde
que él dejó el duplicado en la oficina del comisario, Rivas empezó a hostigarlo
con arrestos, apercibimientos y persecución. "Decía que yo había hecho mal el
acta, pero no me dijo en qué me equivoqué", afirmó.
Al final de la audiencia el Dr. Bernardo de Quirós, defensor de Escobar dijo que
"detrás de este juicio hay una interna policial."

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