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Seamos
todos testigos
Sebastián
Bordón fue ferozmente golpeado por policías del destacamento del Nihuil,
provincia de Mendoza, y muere por falta de asistencia médica. Hugo Trenitini,
el comisario a cargo, ordenó esconder el cuerpo para evitar que su padre
lo viera. La policía proporcionó informaciones falsas para desviar la investigación
mientras su cuerpo era colocado en el fondo de un barranco para simular
un accidente. Por el homicidio 6 policías y dos civiles están procesados
y el jefe policial está acusado de encubrimiento. En el Paso de las Cabras,
a unos metros del destacamento, una cruz recuerda que el 12 de octubre
de 1997 fue encontrado muerto Sebastián Bordón. Ese día iba a cumplir 19
años.
A
fines de septiembre, Sebastián y sus compañeros de 5to año de las Escuelas Media
Nº4 y 13 de Moreno, llegaron en viaje de egresados al Nihuil, un centro turístico
habitado por 300 personas y situado junto al embalse y el Cañón del Atuel, a unos
50 km de la ciudad de San Rafael. El contingente, a cargo de las profesoras Ana
María Bava y Patricia Mabel Landale, se alojó en un albergue de la Universidad
Tecnológica Nacional.
Poco
después de su llegada Sebastián Bordón comenzó a deprimirse y a no poder dormir.
Un médico del centro de salud del Nihuil le recetó Valium y le recomendó volver
de inmediato a su casa para someterse a un tratamiento médico.
Días más tarde, en el Sosneado (departamento
de Malargüe), cuando el grupo de egresados regresaba de una excursión a Las Leñas,
Sebastián rompió un asiento del micro, sacó la mitad de su cuerpo fuera de la
ventanilla y dirigiéndose a un policía gritó pidiendo ayuda: "¡ Me
quieren drogar, me quieren matar !". En el destacamento del Sosneado una enfermera
le inyectó para tranquilizarlo aproximadamente 0,35 miligramos de Valium. El Comisario
Carlos
Escobar también intentó calmarlo y se comunicó telefónicamente con la familia.
Ante la situación, Luis Bordón -el padre-
decidió viajar hacia el lugar esa misma noche. El contingente, por su parte, decidió
regresar al Nihuil dejando a Sebastián a cargo de la policía, que lo trasladó
al destacamento de esa localidad. Allí, pasó la noche junto al cabo Esteban
Merello a la espera de su padre.
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